Si eres de los que vuelca el contenido de la olla directamente en el colador y deja que todo el vapor y el agua se pierdan por el fregadero, detente. Estás desechando el ingrediente más valioso para que tus platos de pasta pasen de ser una cena ordinaria a una experiencia de restaurante italiano.
El Secreto del Almidón
Cuando cocinas pasta, los fideos liberan almidón en el agua. El resultado es un líquido turbio, salado y denso que tiene propiedades mágicas. Este componente es un emulsionante natural, lo que significa que tiene la capacidad de unir dos elementos que normalmente se repelen: el agua y la grasa (como el aceite de oliva o la mantequilla).

¿Cómo aplicar el «Tip Maestro»?
Lograr la textura perfecta es más sencillo de lo que parece. Solo debes seguir estos pasos:
- Reserva antes de escurrir: Justo antes de que la pasta esté al dente, usa una taza o un cucharón para sacar aproximadamente 250 ml (una taza) del agua de cocción.
- La unión hace la fuerza: Pasa la pasta directamente a la sartén donde tienes tu salsa.
- El toque final: Vierte un chorrito del agua reservada sobre la mezcla y mantén el fuego medio-alto.
- Manteca (El proceso): Saltea o remueve vigorosamente. Verás cómo el agua y la grasa de la salsa se transforman en una crema sedosa que se adhiere a cada rincón de la pasta, en lugar de quedarse encharcada en el fondo del plato.

Los beneficios inmediatos
- Textura profesional: Olvídate de la pasta seca o pegajosa.
- Sabor integrado: La salsa deja de ser un acompañante y se convierte en parte integral del fideo.
- Menos grasa: Al usar el poder espesante del almidón, no necesitas añadir natas o exceso de aceite para dar cuerpo a tus salsas.
Consejo Pro: Si tu salsa quedó demasiado espesa o «pesada» mientras esperabas a los comensales, un pequeño chorro de esta agua caliente la revivirá al instante, devolviéndole su brillo y fluidez original.



