Las yemas, ese pequeño tesoro de azúcar y huevo que ha perdurado durante siglos, tienen dos variantes que se han convertido en íconos de la repostería española: las yemas del Tajo y las de Ronda.
Origen y tradición
La zona del Tajo, en la provincia de Ávila, y la ciudad de Ronda, en la provincia de Málaga, son dos regiones con una rica cultura gastronómica. En ambas, la preparación de yemas surgió como una forma de aprovechar la abundancia de huevos y la tradición de la cocina casera. La receta se mantiene fiel a sus raíces: huevos, azúcar, un toque de limón o canela y, en algunas versiones, un chorrito de brandy o ron.

Sencillez que enamora
Lo que distingue a estas yemas es su simplicidad. No se añaden ingredientes elaborados ni técnicas complicadas. Se baten los huevos y el azúcar hasta que la mezcla se vuelve esponjosa, se hornean en bandejas pequeñas y se dejan enfriar. El resultado es un dulce con una textura firme pero delicada y un sabor que recuerda al caramelo con un ligero toque cítrico.
Cómo se disfrutan
Tradicionalmente se sirven como acompañamiento de la sobremesa, acompañadas de café o té. En la región del Tajo, las yemas se suelen colocar sobre un trozo de pan con mantequilla, mientras que en Ronda se prefieren con un toque de azúcar glas. Hoy en día, chefs de todo el país las incorporan en postres modernos, como tartas o mousses, manteniendo su esencia clásica.
Conclusión
Las yemas del Tajo y de Ronda son más que un simple dulce; son un puente entre el pasado y el presente, una tradición que se conserva gracias a su sencillez y su irresistible sabor. Si buscas probar un pedacito de historia, no dudes en probar estas delicias que siguen conquistando corazones.



