El repollo, ese vegetal que a muchos les recuerda a la ensalada de invierno, está haciendo olas en el mundo gastronómico. La Revolución Verde de 2026 lo coloca como el ingrediente ‘it’ de la alta cocina, gracias a su textura crujiente, sabor suave y capacidad de absorber sabores.

Los chefs más vanguardistas han empezado a reinventar platos clásicos: de la sopa de repollo con trufa, al tartar de repollo con cítricos y toques de pimentón. La versatilidad del repollo permite preparaciones crudas, al vapor, asadas o en risotto, manteniendo siempre la frescura y la nutrición.

Además, el repollo se alinea con la sostenibilidad. Su cultivo requiere menos agua que otras verduras de hoja y su ciclo de crecimiento es corto, lo que reduce la huella de carbono. Los productores de la región de Galicia, por ejemplo, están adoptando prácticas de agricultura regenerativa que aumentan la biodiversidad del suelo.

En la alta cocina, la presentación es clave. El repollo se utiliza también como decoración, cortado en finas láminas o en forma de “crown” para dar un toque visual impresionante. El resultado es una fusión de sabor, textura y estética que cautiva a críticos y comensales.

Para los amantes de la cocina casera, la repollada con especias exóticas o el repollo relleno de quinoa y frutos secos son opciones rápidas y saludables. Así, el repollo no solo reina en restaurantes de lujo, sino que también se convierte en un aliado del hogar.

En resumen, el repollo ha pasado de ser un simple acompañante a un protagonista, gracias a su sostenibilidad, versatilidad y al impulso de chefs que lo han convertido en un ingrediente estrella de la Revolución Verde 2026.

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