Los cocineros profesionales están de acuerdo: la mejor manera de freír pescado no es con agua, sino con cerveza. Esta curiosa técnica, que ya se ha popularizado en restaurantes de alta cocina, aporta una capa extra de sabor y una textura más crujiente.

¿Cómo funciona?

La cerveza contiene alcohol y carbonatos que reducen la humedad superficial del pescado. Al sumergirlo en la mezcla, el alcohol se evapora rápidamente al contacto con la fritura, dejando un ligero aroma maltoso que se impregna en el filete. Además, el pH más bajo ayuda a que la capa exterior se dore sin quemarse.

Pasos sencillos para probarlo en casa:

1. Escoge un pescado blanco de espinas pequeñas, como el lenguado o la merluza.
2. Prepara la cerveza: usa una de tu preferencia, preferiblemente con un perfil ligero para no abrumar el sabor.
3. Marinar el pescado con sal, pimienta y un chorrito de la cerveza. Deja reposar 15 minutos.
4. Sécalo con papel absorbente y, antes de freír, pásalo por harina o pan rallado.
5. Calienta aceite a 180°C y fríe hasta que la corteza esté dorada y crujiente.

Los chefs destacan que el resultado es un pescado más jugoso y con un toque de dulzor que la agua no logra. Además, la cerveza aporta una capa aromática que combina a la perfección con salsas cítricas o mantequilla de ajo.

Prueba esta técnica la próxima vez que quieras sorprender a tus invitados con un plato de pescado frito que vaya más allá de lo tradicional.

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